La conversación entre Rafael Correa y el experimentado diplomático y excanciller brasileño Celso Amorim comenzó con el análisis del orden internacional. Para el exfuncionario –y actual asesor del presidente Luiz Inácio Lula da Silva para política exterior–, "estamos en un momento en el que no hay reglas", donde la situación más bien se asemeja a "una guerra mundial en pedazos" que tiene "gran riesgo de convertirse en una guerra mundial". "El mundo está en carne viva", sostuvo.
A ello sumó "el avance de la extrema derecha en muchos países", con particularidades, pues mientras en los países del Norte global su agenda es nacionalista, en los del Sur, "la extrema derecha es totalmente entreguista".
En este escenario complejo, vaticina que se precisará de un "cambio casi total", destinado no solamente a reformar instancias como el Consejo de Seguridad de la ONU sino de conseguir que naciones como EE.UU. se ciñan a reglas acordadas que garanticen la coexistencia pacífica y el beneficio mutuo. "Muchas cosas van a tener que cambiar de manera muy radical", sentenció.
Así, al vaticinar que eso no ocurrirá de un momento a otro, abogó por la necesidad de organizarse "de diversas maneras". "Por eso Brasil también ha propuesto los BRICS y ha propuesto otras formas de organización", alegó.
"Ya vimos esa película"
Al disertar en torno a las consecuencias que ha tenido para Washington el embarcarse en un conflicto bélico contra Irán, Amorim afirmó que "ya vimos esa película de alguna manera", al llamar a recordar que en otras guerras, como la de Vietnam, los líderes estadounidenses de entonces también prometieron que sería "cosa de pocos días" y que la victoria sería inmediata, pero la realidad mostró ser muy diferente. Según su experiencia, pues ha participado en negociaciones de alto nivel con Teherán, EE.UU. corre el riesgo de empantanarse, al subestimar la capacidad de respuesta iraní. "Son un pueblo profundamente patriota. Esperaban en el Gobierno estadounidense que matando al líder ya estuviera todo resuelto", apuntó.
Desde su punto de vista, pese a la evidente superioridad militar, EE.UU. "está teniendo un problema muy serio en esa guerra", porque su capacidad para tolerar daños y muertes es decididamente menor que la de la nación persa. "Creo que va a tener que encontrar una solución pacífica, declarar la victoria e irse", opinó.
"La única salida"
Insistió asimismo en que "la única salida" para el conflicto en Ucrania "es la negociación", e hizo un inventario de las acciones específicas que Brasil apuntaló en esa dirección, que incluyeron la creación de un grupo de amigos y un memorándum para encontrar una solución política. Además, enfatizó que, en ese caso, Washington "tiene un grado de pragmatismo que puede ayudar", sin que las partes –la OTAN, Rusia y Ucrania– sientan que sus intereses están siendo socavados.
"Considero que si algún día hay una guerra total, será por culpa de Oriente Medio"
No obstante, Amorim se permitió aludir a "los errores internos que la propia Ucrania ha cometido", al no otorgarle autonomía a territorios que "eran rusos históricamente, o al menos tenían una gran población rusa", a lo que posteriormente añadió como detonante la expansión de la Alianza Atlántica hacia el este. "No quiero entrar en ese debate porque resulta muy difícil después ayudar", arguyó.
No obstante, en su juicio, la situación más crítica está en Oriente Medio. "Considero que si algún día hay una guerra total, será por culpa de Oriente Medio", advirtió. Él es de la opinión de que "nadie quiere que Irán tenga una bomba atómica" y tampoco que Israel la tenga, "así que habría que llevar a cabo una negociación" orientada a la formación de dos Estados –el israelí y el palestino–, aunque en el presente esa posibilidad luzca decididamente cuesta arriba.
El "embrión" del nuevo mundo
Al referirse a la reconfiguración del orden internacional, Amorim destacó el rol Rusia, China, India o Brasil, cuyo peso económico, político y militar es insoslayable, pero al mismo tiempo no dejó de admitir que si bien esas naciones "pueden contribuir a una visión más negociada", que no suponga una reedición de la Guerra Fría, "eso no llegará fácilmente".
Con mirada de largo aliento, el diplomático estimó que los años de relativa paz interpotencias que experimentó la humanidad en las últimas décadas, son resultado directo de la guerra de Vietnam y, en ese sentido, consideró que la guerra en Irán podría jugar un papel similar en la construcción de nuevos equilibrios globales, en los cuales los países BRICS –que no están exentos de rivalidades–, tienen un rol que jugar y han dado pasos concretos en la dirección correcta, como la creación y puesta en marcha del Banco de los BRICS, contrapunto de los aparecidos bajo el ala de los Acuerdos de Bretton Woods. "Considero que los BRICS son el embrión del nuevo orden internacional", enfatizó.
Brasil, América Latina y EE.UU.
En el intercambio, no se dejaron de lado los desafíos de la integración latinoamericana y Amorim aludió explícitamente al papel de Brasil en ella, pues si bien es el país más extenso de Suramérica, concentra la mitad de su población y tiene la economía más grande de la región, aún carece de peso suficiente para negociar en pie de igualdad "o hacer de contrapeso" ante gigantes geopolíticos como EE.UU., China o Rusia.
A su parecer, la región está atravesada por una "tragedia": los países son incapaces de avanzar proyectos comunes, más allá de sus diferencias ideológicas y, lo que es más, "algunos quieren realmente separarse, como si fueran de otra región, de otro lugar".
Señaló asimismo que si bien EE.UU. pretende injerir en los asuntos internos de los países, descargó de responsabilidad al presidente Donald Trump, quien estaría, en su opinión, más concentrado en "otros asuntos" como el Premio Nobel de la Paz o el conflicto en Oriente Medio. Empero, esa postura no es compartida "por quienes se encargan de América Latina de una manera más directa", que "tienen una visión mucho más retrógrada" y actúan bajo desconocimiento del mandatario.

